Durango
Cuando el Joven y Alice, me recordaron aquella aventura con el burro de Durango, no pude menos que sonreir, porque yo había estado recordando momentos antes, ese viaje. El hotel, los compañeros, las guitarras en en el "lobby", el deseo de no dormir, la puerta descompuesta del baño en nuestra habitación, las camas matrimoniales en las que cabían hasta 7 personas, la alegría, las ganas de bailar y cantar en la calle, las ganas de estar juntos, los eventos, las discos, la facilidad de conocer a otros, la plática fácil que surge cuando eres visitante, Gladys resbalando de aquel cerro, el burullo en los taxis, Marcos y Carlos burlándose de mi cámara Advantix, invitándonos a la disco esa noche...
Marcos llegando a mi mesa, extendiendo su mano mientras decía, ¡Me perdiste!
He regresado a Durango otras veces, tengo un café preferido, nuevos amigos, regresé el año pasado a ver a Sabina, a pasar una tarde entera en el balcón del hotel enfrascada en una de esas pláticas eternas con Don Señor, conocí al Adjunto, me encontré con el monero, qué agradables recuerdos para pasar el día y aliviar un poco la tristeza de no estar allá, hoy que regresa Sabina acompañado de Serrat y que quisiera no tener que trabajar, quisiera estar tomando uno de esos tés Bora-Bora, escuchando a Don Señor o riendome con el adjunto mientras conozco su nuevo bar.
Quizás el próximo año, hoy me quedo pensando en esa mano extendida, en esa sonrisa coqueta, en lo fácil que era reir...
Etiquetas: Añoranzas

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