No es una historia original, aunque dudo mucho que a estas alturas se pueda vivir una historia original, podríamos habernos conocido en la cima del Everest, él podría ser neozelandes y yo Ecuatoriana y aún así estoy segura de que no seríamos la primera pareja que se conoce en las mismas circustancias, no me ha dicho tampoco ninguna frase que me suene a algo único, no estoy hablando entonces, de algo extraordinario...
Consultaba con mi jefe algo cuando lo vi en la puerta, no es particularmente guapo o particularmente alto, no lo vi a los ojos y supe que lo amaría por siempre, sólo lo vi y me apresuré a salir, porque tuve la sensación de que estaba interrumpiendo algo, lo volví a ver dos días después por la mañana, estaba sentado de espaldas en la oficina de mi jefe, lo confundí con J, un hombre con el que trabajo de manera regular, "Hola! ¿Por qué no me avisaste que venías?", se dio media vuelta y me turbé al descubrir que no era J, -Lo siento... balbucí, yo.. te... confundí... perdón... es que... creo que te pareces... de nuevo... lo siento", algo así dije aunque es probable que el oyera algo como bbssaasssassssbbeess perdon...
Sonrió ampliamente y me gustó su sonrisa, ¡No te preocupes! me dijo, no pasa nada y ya que estas aquí me presento soy F. y empiezo a trabajar hoy en el departamento de calidad, Hola! dije en un intento de verme menos tonta de lo que me sentía.
-¿Cuando me viste?, le pregunté la noche que decidimos iniciar una relación,- En la cafetería, un desayuno, te vi entrar y no pude quitarte la mirada de encima.
Empezó a coquetearme, a decir algunas frases fuera de lugar, a desorientarme, porque yo, en mi trabajo, siempre ando con mi metro cuadrado a cuestas para evitar la invasión a mi espacio personal.
-¿Cuantos años tienes?, me preguntó
-27, respondí y tú?
-Te digo si me dices que no tienes novio...
Por cuestiones de trabajo se fue a Canada más de una semana y me hablaba en cada oportunidad que tenía, por las noches me marcaba, platicabamos de esas tonterías que me choca escuchar cuando no soy yo las que las dice con voz melosa.
Decidimos empezar una relación 15 días después de conocernos, no fue particularmente romántico o particularmente emotivo, fue sencillo...
Le he pedido que no me prometa nada, ni futuros felices ni para siempres imposibles, -te amenazo entonces, dice, porque te quiero en mi vida- y yo me limito a sonreír.
Estoy contenta, al principio intentaba manterme como soy, pero fue dificil, me atajaba cada salida, combatía mis ataques anticursilería a tal grado que ahora me encuentro hablando como niña de 4 años y cuando me escucho me da pena propia, me veo al espejo desaprobatoriamente..
Pero soy feliz en su abrazo y nada alegra más mi día que su risa.
¿Que más puedo pedir?
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